ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Nuestra salud dependerá en gran medida de la alimentación que realicemos a lo largo de nuestra vida. Un estilo de vida saludable y hábitos alimenticios sanos adquiridos durante  la infancia, evitarán que en la edad adulta podamos desarrollar patologías de gravedad como enfermedades cardiovasculares, intestinales, obesidad, diabetes e incluso al menos un tercio de los cánceres.

A pesar de que la dieta mediterránea está considerada como una de las más saludables y equilibradas a nivel nutricional, los cambios de la sociedad, la falta de tiempo y estilo de vida, están contribuyendo a que cada vez comamos peor.

Las comidas han de estar elaboradas fundamentalmente con productos frescos procedentes de la producción primaria, aprovechando los productos de temporada e intentando introducir la mayor cantidad de ingredientes para complementar sus nutrientes.

Debemos evitar en lo posible los alimentos procesados, precocinados y bebidas azucaradas ya que provienen de una cadena de conservación, producción y manipulación más larga y repercute en la perdida de nutrientes. La utilización de conservantes y aditivos, el exceso de grasas de mala calidad nutricional y la sal, entre otros.

Según la Pirámide de Alimentación Saludable, las verduras, los derivados de cereales y patatas, hortalizas, frutas, leche, lácteos, y aceite de oliva debemos tomarlos diariamente. Alternativamente varias veces a la semana debemos incluir legumbres, frutos secos, pescados, huevos y carnes magras.

Se aconseja moderar el consumo de carnes grasas, pastelería, bollería, azúcares y bebidas refrescantes. Es importante mantener una adecuada hidratación mediante el consumo de agua, infusiones, caldos, etc.

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Apuesta por una dieta sana y equilibrada

Está científicamente probado que la dieta mediterránea aporta numerosos beneficios para la salud. Sin embargo, estas últimas décadas hemos aumentado en gran medida, a causa de un cambio de estilo de vida y la falta de tiempo, productos de elaboración industrial y precocinados o procesados.

Estos productos además de no ser naturales, aportan gran cantidad de sal, grasas saturadas y azúcares frente a los tradicionales como el pan, arroz, legumbres, hortalizas y patatas, base de nuestra dieta mediterránea “tradicional” y fuente de numerosos beneficios para nuestra salud.

El valor de la dieta mediterránea se basa en la mejora del perfil lípido, ya que su consumo aumenta el HDL o llamado “colesterol bueno” y disminuye el LDL o “colesterol malo”. Además es una alimentación rica en fibras y antioxidantes.

Alimentarnos mejor es ganar salud.