Una de las formas de continuar después de conseguir tu objetivo de adelgazar es manteniendo el peso mediante una dieta mediterránea.

La aparición de las primeras culturas se produjo cuando los grupos humanos se fueron estableciendo en zonas con buen clima, próximas a grandes ríos y mares. Esto se produjo en todo el sur de Europa, norte de África y Oriente Medio, donde la alimentación adquirió características parecidas.

También en otros lugares aparecieron fuertes civilizaciones, como la India o China, pero fue en las cercanías del Mediterráneo donde la alimentación adquirió caracteres similares, unida a un modo de vida “mediterráneo” de clima moderado donde la comida se convertía en un acto familiar y social entre las personas.

Reconocida por su riqueza en micro y macronutrientes, este tipo de alimentación, en contraste con las civilizaciones más orientales, mantiene el criterio de frugalidad, importante para evitar trastornos de alimentación como el sobrepeso y la obesidad.

De acuerdo, es muy buena comida pero ahora las condiciones de vida son muy diferentes en relación al estilo tradicional mediterráneo (nervios, prisas, sedentarismo, comidas rápidas, ordenadores, y estrés…)

¿Qué hacer entonces? Pues, en primer lugar, si hay exceso de peso, reducirlo, con dietas de limpieza y depuración proteicas vegetales y después con un modelo ligero y flexible de dieta mediterránea.